| Salir
 
Acceso Usuarios

La Villa de La Orotava es uno de los municipios con mayor tradición e historia de la isla de Tenerife.

Añadir información
Si tienes información o fotos sobre Orotava, La no dudes en enviarnosla y nosotros la publicaremos en Rurismo.
Enviar Foto
Comparte las fotos que tengas de Orotava, La con el resto de la comunidad de Rurismo.
Enviar Vídeo
¿Conoces videos de Orotava, La en Youtube? Súbelos para que todos podamos verlos.

La Villa de La Orotava constituía parte del antiguo Menceyato de Taoro, de los nueve reinos aborígenes en que se encontraba dividida la isla de Tenerife hasta 1496, año en que finalizó el proceso de conquista de la isla.

Al igual que sucediera en las islas de Gran Canaria y La Palma, en el caso del reparto de las tierras de Taoro se sucedieron ante la Corte las reclamaciones por parte de gran cantidad de beneficiarios, que denunciaban las irregularidades en la distribución establecida por el Adelantado. Ante la magnitud de la situación, en 1504 Fernando el Católico encomendó a Lope de Sosa, Gobernador de Gran Canaria, la misión de verificar las consecuencias de un repartimiento que no sólo había generado el perjuicio de la gran parte de los beneficiarios, sino que originó la ausencia de un orden urbanístico en la primitiva configuración de La Orotava.

La imagen urbana de La Orotava alcanzará su definición durante el S. XVII, S. de esplendor de la población. Una imagen urbana marcada por las características topográficas de la zona, como es el acentuado desnivel del terreno y la presencia de dos barrancos, el de Araujo al naciente y el de El Monturrio al poniente, así como por la presencia de un verdadero eje vertebrador como era la acequia que conducía el agua desde las zonas altas hasta las tierras bajas de cultivo.

Igualmente sobre este espacio se fundaron durante los siglos XVI y XVII ermitas y conventos vinculados a las familias terratenientes, que tenían el objetivo de consolidar el núcleo de vecinos, a la vez, que establecían los límites del territorio y se erigían en referentes culturales para la alta sociedad orotavense, en el caso de los cenobios. Entre el desaparecido convento de San Lorenzo y el Llano de San Sebastián, tendría lugar el desarrollo inicial de La Orotava, levantándose durante esas dos centurias las mansiones y los recintos de las comunidades religiosas, establecidas en la población bajo los auspicios de aquéllas. Ya durante el S. XVII quedarán fundados los conventos femeninos de claras y catalinas, hoy desaparecidos, y el masculino de Nuestra Señora de Gracia, un cenobio de agustinos regentado por la Hermandad de las Doce Casas, como un símbolo de la consolidación del poder de la clase social dominante.

El núcleo poblacional de La Orotava fue creciendo hacia el sur, hacia los terrenos menos aptos para el cultivo, en torno a lo que actualmente se conoce como Villa Arriba o barrio del Farrobo. Allí se estableció el campesinado y los artesanos, quienes desarrollaron un urbanismo contrapuesto al de la Villa de Abajo, por medio de edificaciones modestas, pero de igual valor patrimonial, como son las casas terreras. Los hitos religiosos de la Villa Arriba serán la ermita de Santa Catalina, levantada a finales del S. XVI, y la de Candelaria del Lomo, edificada en las postrimerías del XVII. Sin embargo, el epicentro religioso de la zona queda determinado por la conversión en parroquia de la primitiva ermita de San Juan Bautista en 1681, un hecho de vital importancia para la consolidación de la sociedad trabajadora y de las clases populares de la población.

El crecimiento que experimentó La Orotava en su conjunto se debió en gran medida a la prosperidad generada por la exportación de vinos, lo que propició su progresivo enriquecimiento alcanzando un alto grado de influencia socioeconómica dentro del panorama insular. Reflejo de ello fue la declaración de La Orotava como Villa exenta, tras las efectivas gestiones dirigidas por Juan Francisco de Franchi y Alfaro ante la Corte de Felipe IV. Desde aquel momento La Orotava logró la independencia judicial contando con un alcalde mayor o juez de primera instancia. Sin embargo, política y administrativamente La Orotava continuaría dependiendo de La Laguna hasta la consolidación del régimen liberal, ya en el S. XIX.

Si el S. XVII había supuesto el momento de mayor esplendor dentro de la joven historia orotavense, la siguiente centuria marcó el declive de ese auge económico y social, motivado especialmente por la crisis en el sector de los viñedos. Ello originó un profundo estancamiento en el desarrollo de la población no sólo desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista demográfico, frenándose el hasta entonces progresivo aumento de localidad, y la pérdida de la influencia que hasta entonces había representado La Orotava, como una de las ciudades más importantes a nivel insular.

La ubicación no varió básicamente hasta el segundo tercio del S. XIX cuando diferentes acontecimientos como la introducción del monocultivo de la cochinilla o la desamortización, mejoraron de manera sensible el negativo panorama en el que se había visto inmersa la Villa durante el S. XVIII. Por un lado, la explotación de la cochinilla -parásito de la tunera, utilizado para la obtención de colorantes- garantizó durante varias décadas la llegada de ingresos ocasionados por su exportación, hasta que, en torno a 1870, el triunfo de los tintes sintéticos en los mercados europeos sumieron de nuevo en una profunda crisis a los productores locales. Por otro lado, la definitiva exclaustración de los conventos en 1836 ocasionó que las antiguas posesiones de las comunidades religiosas pasaran a ser propiedad del Estado y a ser administradas por los poderes locales. Desde entonces, las dependencias conventuales cumplen diferentes funciones civiles ligadas a la consolidación de La Orotava como municipio, como la del mercado, cárcel, escuela, teatro, hospital e incluso cuartel, en una ubicación que se sucedió hasta bien entrado el S. XX. Pero la adaptación de los recintos conventuales no sólo se limitó a una variación en sus usos, sino que también supuso el derribo de algunos de ellos para edificar sobre sus solares edificios de nueva planta, como sucedió con el convento femenino de San José, donde se construyó el Ayuntamiento durante los últimos años del S. XIX, o con el convento, también femenino, de San Nicolás, donde a mediados del S. XX se levantó la sede de Correos y la del Juzgado.

Ya durante el último tercio del S. XIX, la crisis agraria motivada por el declive de la cochinilla originó la introducción de un nuevo cultivo de exportación como fue el del plátano, que desembocó en un nuevo período de auge económico para La Orotava durante las postrimerías del S. XIX y las primeras décadas del XX. La boyante ubicación se vio rápidamente refrendada en la reforma urbana que experimentó el municipio durante aquellos años, donde la introducción del lenguaje ecléctico modificó ostensiblemente la imagen de una arquitectura hasta entonces dominada por el componente mudejarista. En este sentido, fueron muchos los edificios dieciochescos cuyas fachadas fueron enmascaradas por pantallas eclécticas, que variaron, casi por completo, la fisonomía de algunas vías representativas, como sucedió con la calle Carrera del Escultor Estévez.